yo que se ya patata

Dicen que alguien o algo muere cuando su recuerdo desaparece, ¿de dónde?, no lo sé. El caso es que a veces la muerte se presenta antes de que el cuerpo deje de funcionar porque ya no sientes que te recuerden en ningún lado. El ser humano se caracteriza por ser avaricioso y egoísta, buscador de un bien individual aunque se busque hacer un bien común al final siempre se busca la satisfacción de haberlo hecho, la satisfacción de que se oiga tu nombre por ello. Cuando no es así quizá haya una contradicción fea en sentido de que se crea frustración por no saber que hacer. Llega un momento en el que sabes que jamás serás recordado y que poco a poco aunque haya vida, tu ser se va diluyendo. La vida es demasiado bonita como para que la ocupen seres que no son luz, seres que no brillan, seres cuyos ojos ya no relucen. No hay espacio para ellos y poco a poco sus voces van disminuyendo su volumen hasta el punto en el que se confunden con el viento, ya solo son capaces de gritar ayuda en silencio, ya solo soy capaz de mendigar ayuda callada. No se escuchan, no han luchado por ser escuchados, no he luchado por ser escuchada, y la imagen de estos seres se va haciendo cada vez más pequeña, hasta el punto de pasar inadvertidos, de pasar inadvertida, no solo por las personas si no por las emociones también, estos sentimientos ya no encuentran huecos en ellos, no desperdician su fuerza en ellos, el amor ya no se apega ni se da cuenta de que existen, pues una barrera de oscuridad lo evita; el placer ya no llega al cielo, si no que más bien ni hace por elevarse un poco; el cariño puede que siga estando pero dependiendo de un hilo tan fino tan fino que es casi invisible; la tristeza tampoco quiere perder el tiempo, y si los acompaña es para quedarse; la ilusión tomó vacaciones hace ya pero la esperanza sigue excavando en esa mina que ya está tan desgastada; la angustia transporta los minerales que encuentra la esperanza y hace que esas piedras preciosas dejen de brillar; el agobio está sentado en el sofá pero no dentro si no al lado; la soledad es la única que está a pie de cañón, ayudando cuando lo necesitan, cuando lo necesito, les ayuda a encontrarse en un mundo donde a veces no pueden ver algo más que ellos mismos, algo más que yo misma aunque esto no es del todo cierto. Son capaces de ver dos mundos distintos pero en el que se denomina bonito ellos no pueden estar, es como que el contraste sería muy fuerte y feo, pero mientras lo ven, mientras lo veo se puede apreciar tal belleza en cada esquina, en cada rama de un árbol que va dibujando una silueta invisible de una red de ramas en el aire sobre las que los pájaros pueden caminar, una simple huella que deja una persona al caminar en el asfalto, claro que una huella que no se ve, una felicidad en las caras de las personas que siempre han querido, que siempre he querido pero que quizá ya no quepan cerca de ellas. Seres tan grandes que a la vez son muy pequeños y son conceptos que no pueden ir de la mano, entonces todo vuelve a ser un disloque y el puzzle se vuelve a deshacer, hay como mil millones de piezas sobre la mesa con una minúscula medida que también pasan a ser invisibles como los seres y existe una incapacidad tan grande de volverlas a unir que ni siquiera el intento aterriza en esa mesa, pues está toda ocupada. De todas formas, esos seres siguen excavando como los perros hacen para guardar sus tesoros, tan solo que la diferencia es que el objetivo no es guardar, si no crear.

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